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GR-11 Transpirenaica a pie

Veranos de 2006 y 2007, dos jóvenes Luis y Vero de 20 y 19 años respectivamente, decidieron recorrer juntos esta Senda Pirenaica de Gran Recorrido comúnmente conocida como GR-11 que cruza los Pirineos de mar a mar durante sus vacaciones de la universidad.

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¡¡ Dos veranos!! Si, les ocupó dos veranos ya que la duración de la ruta oscila entre un mes o mes y medio para personas que lleven un ritmo de viaje normal y ellos no disponían de tanto tiempo seguido para realizarlo. Además no es que fuesen, ni mucho menos, expertos montañeros, pero tenían muchas ganas de vivir una experiencia como la que conlleva realizar este camino y lo que ofrece. Simplemente querían vivir en aquel entorno en el que todos esos seres vivos tranquilos y silenciosos que te rodean pero no te importunan son los que habitan las montañas por el día, y las estrellas por la noche son la mejor compañía que puedes encontrar.

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Allí Luis y Vero se encontraron a gusto, fuera de las cuatro paredes, sin oír al gentío caminando a pasos de gigante alrededor, allí se sintieron muy bien y por eso actualmente deciden volver siempre que tienen ocasión.

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En cuanto al GR-11, el truco para realizarlo es sencillo; bajo cualquier circunstancia, seguir caminando. Eso si, poniendo cabeza en cada paso y decisión a tomar, puesto que la vida en la montaña puede ser muy buena o muy dura dependiendo de cómo sea la planificación en ella.


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El primer verano, tan sólo fue una toma de contacto de 10 dias durante los que Luis y Vero recorrieron los caminos que llevan desde Canfranc hasta Elizondo, cerquita de las playas de Hondarribia en el Pais Vasco donde fueron a celebrarlo. Muchas risas y ampollas en los pies que aprendieron a curar con un hilito, hicieron que el viaje quedara en sus memorias como algo diferente e inolvidable. Lo cierto es que esta parte del camino hacia el Oeste, es la menos…expuesta a la altitud y a sus contrastes, es menos dura para el caminante, pero no por ello es menos preciosa por sus selvas y bosques. De hecho, la Selva de Irati es uno de los lugares que permanecerán entre los mejores recuerdos que se llevaron estos dos montañeros.
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No hay que olvidar que la ruta no es solo subir y bajar sino vivir en el transcurso, y a eso es a lo que aprendieron mucho Luis y Vero, aunque siguen aprendiendo cada vez que salen al monte porque cada situación es un mundo diferente. Para este viaje ellos no llevaban un hornillo poco pesado, ni bombonas especialmente diseñadas para travesías, no llevaban sacos técnicos ni mochilas muy preparadas, el bastón de trekking era un palo con buena pinta….por no hablar de la ropa, cuya única tecnicidad la albergaban unas botas de Decathlon que no duraron demasiado ni llegaron mucho más lejos de lo que duró esta primera incursión. Pero aun con todo, es posible que estos diez días fueran los más divertidos que Vero y Luis han pasado en la montaña. Descubrieron otro tipo de compañía; potrillos, burros, sapos, sarrios, marmotas, caballos, distintas aves,…y toda aquella preciosa vegetación que brota alrededor. Pero no hay que olvidar nunca la simpatía y hospitalidad de la mayor parte de las personas que también compartían lugar de vacaciones, o que habitaban en aquellos pueblos que quedan de paso.

En cuanto a la temperatura, en la montaña la climatología se vive de diferente manera, y no hay por qué evitar decir que la densa, muy densa niebla, sorprendió a Vero y Luis en mas de una ocasión llegándolos a asustar, un poquito, por el tema de la orientación. La lluvia, que tan bonita se ve desde la ventana, también es un factor a tener en cuenta, no por caminar bajo el chaparrón, sino por las consecuencias de tenerlo todo mojado por la falta de impermeabilidad del equipamiento, por no poder lavar la ropa a final del dia ya que no va a secarse a continuación y el peso de la ropa mojada no es recomendable… Sin olvidar que demasiado sol y calor también pueden conllevar malas experiencias.

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De cualquier forma, como Luis y Vero quedaron encantados con la experiencia, al verano siguiente, retomaron el camino pero en esta ocasión dirección Este, hacia el Cabo de Creus en Cataluña. El hecho de que su camino partiera de Canfranc, es porque el tren popularmente llamado “El Canfranero”, es un medio de transporte ideal para comenzar este tipo de aventuras. Lo cierto es que a pesar de su precio, el tren es el medio de transporte que prefieren utilizar Luis y Vero para trasladarse durante sus viajes si es posible y necesario puesto que tiene la ventaja de la tranquilidad y de las vistas del paisaje, además de que no suele haber nunca problemas con el equipaje.

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Esta segunda etapa del camino, es más dura que la anterior debido a que atraviesa todo el Pirineo Aragonés y Catalán que cuenta con zonas más elevadas y menos accesibles, pasos un poquito más técnicos sobre todo teniendo en cuenta el peso a llevar sobre la espalda,...pero también cuenta con paisajes impresionantes, ibones que recuerdan mares en altura, amaneceres que transcurren literalmente entre nubes que asemejan algodón que se escurre entre los dedos, sarrios, neveros en lo alto, bordas abandonadas,…y mil sensaciones indescriptibles entre las que se encuentra la de la magnificencia de las montañas que te rodean y la modestia de nuestro tamaño frente a ellas.

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En esta ocasión, las mochilas habían cambiado, los bastones de madera fueron sustituidos por otros de aluminio y también los pantalones eran nuevos y un poquito más adecuados, pero las personas que iban debajo de aquellos atuendos eran las mismas un año más mayores y algo más experimentados. Lo cierto es que los 20 dias que les llevó recorrer lo que les quedaba de GR-11, que era casi todo, fueron una auténtica pasada. Esta vez no solo hubo risas sino que también algún susto y trompazo que aunque pudo acabar bastante mal, no les quitó las ganas de seguir andando.

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Los barros de Aguas Tuertas, el frio en los Ibones de Anayet , la niebla en Respumoso , el “mal paso” en el Collado de los Picos del Infierno o la pedrera de Panticosa son los “males” con los que se encontraron ésta pareja justo antes de llegar al hermoso Río Ara. De ellos Luis y Vero se repusieron en San Nicolás de Bujaruelo , donde cojieron fuerzas en el camping un par de días antes de partir hacia Ordesa y el imponente Circo de Soaso. Hasta aquí el encanto de los ibones de Estanés y Anayet, los había dejado perplejos, pero poco después el Collado de Añisclo y el valle de Pineta poblado de árboles tampoco los dejó indiferentes. Poco después las bordas de Biadós, algunas medio en ruinas, les hicieron volver la mirada a tiempos en los que aquel paisaje estaba vivo pero de otra manera distinta.

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Los días durante el viaje se pasan volando, y poco a poco Luis y Vero avanzaron conociendo a mucha gente, conocieron diferentes maneras de hacer la ruta, otras filosofías, otros estilos de vida…Compartieron espacios para dormir, historietas del camino y modos de vivir con otros caminantes, montañeros, excursionistas…Todo eso hace que el camino sea lo que es, toda una aventura para quienes disfrutan de ello.

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Cataluña y su gentío les pilló desprevenidos especialmente en San Mauricio y Espot donde se les mostró otra cara algo menos íntima del Pirineo pero muy frondosa y afable, que Luis y Vero desconocían por completo. Existe un tramo que discurre por Andorra, pasado Tavascan; lugar en el que se puede comprar un pan gigante…En ese tramo andorrano, se pueden admirar montes muy verdes y poblados con un clima bastante amable que Luis y Vero aprovecharon para descansar, poco después volvían a entrar en Cataluña con la vista puesta en el mar.

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Kika & Luis
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